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Taza Echo And The Bunnymen
Taza Echo And The Bunnymen

Cassette Collection

11,95 €
Impuestos incluidos

La Taza Echo And The Bunnymen Cassette Collection parece sacada de un cuarto oscuro en Liverpool: cassettes gastados, melancolía pospunk y niebla imaginaria en cada sorbo.

Color
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Taza Echo And The Bunnymen Cassette Collection

La Taza Echo And The Bunnymen Cassette Collection celebra a una de las bandas más elegantes del pospunk británico. Desde finales de los setenta, el grupo convirtió guitarras afiladas, bajos profundos y voz grave en marca inconfundible. Su sonido mezclaba oscuridad, romanticismo raro y cierto aire de banda maldita. No buscaban estridencia gratuita, sino atmósfera, eco y canciones que parecían sueños extraños.

Alrededor de la taza se alinean cassettes como en una estantería de piso compartido y alfombra gastada. Cada lomo sugiere copias antiguas de Crocodiles, Heaven Up Here o Porcupine. También se intuye el hueco reservado para Ocean Rain, muchas veces llamado su disco más bonito. Es fácil imaginar esas cintas apiladas junto a un radiocasete gris y un cenicero lleno.

La imagen conecta con habitaciones de persianas bajas, pósters pegados con celo y abrigos colgados en la puerta. Escuchar álbumes así significaba apagar la luz, subir un poco el volumen y dejar que entrara la reverb. No había prisas por cambiar de pista, porque cada tema parecía continuar el anterior. Las voces de Ian McCulloch sonaban lejanas, pero curiosamente familiares desde la primera escucha.

Una curiosidad real encaja muy bien con el tono casi onírico de la banda. McCulloch contó que parte de “The Killing Moon” le llegó en un sueño, incluida la frase inicial. Esa mezcla de intuición nocturna y arreglos muy cuidados explica el carácter casi cinematográfico de la canción. Muchos fans la recuerdan como una de las grandes joyas del pop oscuro de los ochenta.

La Taza Echo And The Bunnymen Cassette Collection también evoca paseos con walkman bajo lluvia fina. Las cintas acompañaban trayectos en bus, cambios de instituto y tardes sin demasiados planes. En cada parada, la ciudad parecía distinta si sonaba “The Cutter” o “Seven Seas”. Algunas personas aún asocian ciertas calles concretas a versos muy específicos del grupo.

Esta taza encaja de maravilla en escritorios creativos, rincones de lectura o estanterías llenas de vinilos y libros. Funciona como pequeño recordatorio de que hay discos pensados para escucharse enteros, sin interrupciones. Cada café o té puede convertirse en excusa para volver a sumergirse en esos ecos británicos. Para fans veteranos o nuevas orejas curiosas, es un guiño discreto pero muy cómplice a Echo And The Bunnymen.

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