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Taza Supertramp Cassette Collection
La Taza Supertramp Cassette Collection celebra a una de las bandas más singulares del rock británico de los setenta y ochenta. Su mezcla de piano eléctrico, saxos, melodías luminosas y letras melancólicas creó un sonido fácilmente reconocible. Discos como Crime of the Century y Breakfast in America marcaron a varias generaciones de oyentes en todo el mundo. Muchas personas conocieron esos álbumes precisamente en cassette, prestado por amigos o heredado de la estantería familiar.
El diseño de la taza imagina una pequeña fila de cassettes bien ordenados, como en una librería casera muy vivida. Cada lomo parece pertenecer a una cinta distinta, gastada de tanto entrar y salir del radiocasete. Es fácil imaginar ahí Crime of the Century, con “School” y “Dreamer”, o Even in the Quietest Moments. Tampoco falta el hueco mental para Breakfast in America, con sus vientos brillantes y estribillos pegados a la memoria.
Una curiosidad real encaja muy bien con esta estética analógica y algo literaria. Antes de llamarse Supertramp, la banda se llamaba Daddy y tocaba en pequeños locales londinenses. Cambiaron el nombre inspirados por el libro The Autobiography of a Super-Tramp, del poeta galés William Henry Davies. Ese detalle resume bastante bien su combinación de ambición rock y sensibilidad narrativa. No era solo música para fondo, también invitaba a imaginar historias completas detrás de cada canción.
La escena que sugiere esta colección de cintas también recuerda habitaciones tranquilas y escuchas atentas. Muchos fans dejaban sonar los discos enteros, respetando intros, interludios largos y finales atmosféricos. Había tiempo para seguir las letras, mirar las portadas y perderse en los arreglos de teclados. La música de Supertramp acompañaba viajes en tren, tardes de estudio y noches de luz tenue en el salón. Cada escucha parecía revelar un detalle nuevo escondido entre pianos, voces y ecos lejanos.
Sostener la Taza Supertramp Cassette Collection es un gesto pequeño, pero cargado de memoria musical. Cada sorbo puede evocar la entrada de “The Logical Song”, el clima de “Rudy” o el optimismo raro de “Take the Long Way Home”. La taza queda perfecta en escritorios creativos, estanterías llenas de vinilos, estudios caseros o rincones de lectura silenciosos. Es un detalle ideal para quien sigue guardando cariño a esas cintas viejas que nunca se tiran. También para quienes están descubriendo ahora un catálogo que suena clásico, pero sigue resultando sorprendentemente actual.